Una pausa forzosa que pone en jaque a la piña herreña
CRISIS AGRÍCOLA
La piña tropical de El Hierro sufre una grave crisis por plagas, enfermedades y falta de rentabilidad económica sostenible.
PLAGAS PERSISTENTES
Agricultores reclaman alternativas adaptadas al cultivo y apoyo en tratamientos sostenibles tras la salida de fitosanitarios del mercado, que eran efectivos contra las plagas.
RESPUESTA INSTITUCIONAL
El Gobierno de Canarias y el Cabildo herreño impulsan un plan con nuevas plantas sanas y apoyo técnico especializado.
FUTURO SOSTENIBLE
Investigación, modernización de cultivos, mejora de variedades y garantía de mercado conforman la estrategia para preservar este producto identitario de El Hierro.
La carrera por salvar la piña herreña, en la peor crisis de su historia
Julio y Omar cultivan piña tropical en el municipio de Frontera, en El Hierro. Comparten el mismo terreno volcánico y la misma tradición agrícola. Pero sus cosechas cuentan dos historias distintas. Mientras Omar se muestra agotado tras meses de lucha contra plagas resistentes, Julio recoge piñas sanas y brillantes gracias a métodos ecológicos. ¿Por qué dos caminos tan cercanos tienen resultados tan diferentes?
Estas dos realidades tan opuestas son un ejemplo de los efectos de la transición hacia una agricultura más sostenible y respetuosa con el medio ambiente que busca Europa. Debido a la normativa europea, han desaparecido del mercado, por prohibición o por caducidad de la licencia, productos fitosanitarios que antes eran sumamente importantes para el cultivo de la piña. La forma de afrontar esta transformación no es nada fácil para el sector ya que muchos productores han quedado desprovistos de soluciones para enfrentar plagas y enfermedades.
“No hemos sabido buscar alternativas a esos problemas fitosanitarios que combatíamos con esos productos y ahora los agricultores tienen problemas de plagas y enfermedades que no saben cómo resolver”, explica Rubén Padrón, del Servicio de Agricultura del Cabildo de El Hierro.
Fuerte impacto
El impacto económico es devastador. La producción se ha reducido en los últimos años, llegando prácticamente a la mitad del volumen habitual. Mientras que antes se cosechaban entre 1 y 1,5 millones de kilos anuales, actualmente la cifra ronda los 600 mil kilos al año.
La piña herreña, hija de la migración
La piña tropical llegó a El Hierro a mediados del siglo XX de la mano de los emigrantes canarios que regresaban de Venezuela, donde habían trabajado durante años en cultivos agrícolas, sobre todo en fincas de piña. Muchos de estos retornados trajeron consigo esquejes de la planta envueltos en sacos y las ganas de probar suerte en una tierra distinta, volcánica.
Todo inició como un experimento familiar, sin manuales ni asesoramiento técnico. “Mi padre fue de los agricultores que empezó con la piña hace 45 años. Recuerdo que yo, con cinco años, ya la pelaba para plantarla y empezar a probar el cultivo”, rememora Julio Gutiérrez González, uno de los productores pioneros.
En ese tiempo, cuenta Julio, se desconocía por completo la mejor manera de plantar. Algunos optaron por cubrir el suelo con pinocha para evitar las malas hierbas, otros probaron sin cobertura, y sólo más tarde descubrieron las ventajas del uso del plástico agrícola. “Era todo prueba, error, fallo y corregir”, explica, reconociendo el carácter experimental de aquellos primeros años. Con el tiempo, el uso del plástico se generalizó al comprobar que aceleraba el desarrollo del fruto. Así, entre ensayo y error, fue tomando forma una práctica agrícola que marcaría la identidad de todo un valle, dando lugar a una variedad reconocida por su dulzura, aroma y tamaño.
Buscando fórmulas para salvar el cultivo
Omar, de 37 años, cultiva piña tropical en dos fincas distintas en La Frontera, que suman unos 15 mil metros. Desde que comenzaron los problemas fitosanitarios, ha probado varias soluciones para mantener la productividad. En una de sus parcelas optó primero por una técnica improvisada de solarización con el mismo plástico usado para el cultivo, dejando el terreno en reposo con abono fresco para que el calor actuara sobre el suelo. El resultado fue visible, pero insuficiente. Luego aplicó la solarización clásica con plástico transparente, logrando algo más de efecto, aunque sin alcanzar los niveles de sanidad del pasado.
En la segunda finca, con tierra más nueva, no se han presentado los mismos problemas, lo que le lleva a concluir que el problema principal está en el suelo y su historial de uso. “Si no hay rotación de cultivos, se afianzan más los problemas”, afirma. Ahora Omar se ha animado a probar un nuevo producto para desinfectar el suelo, aplicado a través del riego por goteo y bajo el plástico. “Hemos empezado a investigar, porque si no investigas, abandonas”, asegura.
Julio César Gutiérrez González, de 51 años, lleva una década dedicado al cultivo de piña. Actualmente tiene entre 50 y 60 mil matas distribuidas en varias zonas de la isla. Comercializa su producción a través de la Cooperativa Insular del Campo de Frontera. A diferencia de otros agricultores, asegura que la prohibición de productos fitosanitarios no ha afectado negativamente su cultivo. “A mí me ha mejorado la producción, me ha mejorado el fruto, la calidad, y he plantado más piña”, afirma.
Atribuye este resultado al uso de abonos orgánicos con estiércol de cabra, vaca y oveja y a la aplicación complementaria de cal y azufre en polvo, en lugar de los desinfectantes de suelo tradicionales. Además, ha optado por sistemas de riego por goteo para reducir el desperdicio de agua y fertilizantes. “No es que haya encontrado la solución, pero he conseguido algo diferente que no me ha bajado el rendimiento”, explica, mientras continúa ampliando sus plantaciones y experimentando con nuevas técnicas.
Ante esta situación crítica, varias instituciones —el Cabildo de El Hierro, el Gobierno de Canarias, el ICIA, las cooperativas Frontera y Europlátano Frutas del Hierro, y recientemente el Ayuntamiento de La Frontera— han firmado un convenio para buscar soluciones. Las principales líneas de trabajo son: alternativas ecológicas a los fitosanitarios prohibidos, selección genética de plantas más resistentes y productivas, para crear un banco de germoplasma y mejorar las características del producto.
La Frontera
La variedad roja española
El proceso de adaptación de la piña tropical al territorio herreño no fue inmediato. Según Rubén Padrón, ingeniero agrónomo del Servicio de Agricultura del Cabildo de El Hierro, durante los primeros años se probaron distintas variedades procedentes de diferentes regiones del mundo, hasta dar con la más adecuada. Finalmente, fue la roja española la que mejor respondió a las condiciones de la isla, por su resistencia, productividad y calidad organoléptica.
Debido al entorno subtropical, tiene un ciclo de cultivo más lento, y exigencias particulares. Este proceso de investigación local permitió convertir la variedad roja española en un sello distintivo de la producción herreña, símbolo de una agricultura resiliente que ha sabido sortear las limitaciones del clima y el suelo insular. Hoy día está consolidada como una fruta ligada al paisaje y la identidad del Valle de El Golfo.
Sin embargo, en el año 2005 se introdujo la variedad MD2, la más producida actualmente a nivel mundial y comercialmente conocida como Golden o Extra Sweet, por lo que en la isla conviven ambas variedades.