El lino como motor cultural, paisajístico y económico
Cultivo ancestral
Era cultivado en huertos familiares, procesado por las mujeres y se usaba para la confección de ropa y textiles domésticos.
Saberes tradicionales
Las técnicas de hilado y tejido, transmitidas de generación en generación, eran fundamentales en la vida rural.
Recuperación sostenible
70 años después, los vecinos promueven el cultivo del lino como medio para revitalizar el territorio y la economía local.
Tres retos
La falta de agua, la formación ocupacional y la tecnologización de las tierras, son los obstáculos de este proyecto pionero.
La tradición del lino y la casa cueva
Juan Cubas Montesdeoca atesora objetos etnográficos que ha recuperado durante toda su vida y protege en su casa cueva de Barranco Hondo, excavada en la toba volcánica y abierta al barranco, . Pero quizás, el más valioso de sus tesoros es el recuerdo del lino. Él es uno de los pocos testigos que vivieron la época dorada de esta fibra vegetal en las medianías de Gáldar, Gran Canaria.
Entre telares antiguos, madejas de lino y objetos antiguos, Juan recuerda cómo el lino fue parte de la vida cotidiana. Aprendió a hilar con su madre, Gregoria Montesdeoca Díaz, una mujer de ojos azules que tejía sábanas y manteles con gran delicadeza en cada puntada. “Todo el mundo tenía su huerto de lino”, cuenta Juan, refiriéndose a esas pequeñas parcelas que nutrían los hogares de las tejedoras e hilanderas. Era el tiempo del trueque, del trabajo compartido y del conocimiento heredado.
El nacimiento de Linolillo
Gracias a su tenacidad, Juan Cubas, de 91 años, ha logrado ilusionar a sus vecinos y fundar la Asociación Amigos del Lino ‘Linolillo’, para recuperar este cultivo, desaparecido desde hace 70 años debido al auge de la industria textil y al abandono del campo.
Agua, tecnología y formación
El camino de recuperación del lino, ha revelado problemas más complejos que se consideran fundamentales resolver con urgencia para poder avanzar. El primero es la falta de garantía de agua, un recurso básico para la continuidad del cultivo. Sin agua, afirma Herminia Pimentel, vicepresidenta de Linolillo, no hay posibilidad real de mantener una siembra estable. El segundo obstáculo es la necesidad de una formación ocupacional sólida en torno a la fibra textil y la tejeduría. Hasta ahora, estas actividades se han desarrollado en forma de talleres etnográficos de corta duración, pero el tejido artesanal requiere tiempo, técnica y dedicación.
La tercera dificultad es la tecnificación del trabajo agrícola. La falta de mano de obra obliga a buscar soluciones que permitan aprovechar mejor los recursos, incluida el agua.
De acuerdo con Pimentel, la recuperación del lino no puede depender únicamente del entusiasmo inicial o del enfoque museístico; requiere un plan que garantice continuidad, sostenibilidad y transmisión de saberes. “Si desaparecen las tejedoras, sí, lo podemos mecanizar pero el trabajo que se realice manual es un complemento para el desarrollo de este territorio por esa carga cultural y patrimonial que tiene”, concluye.
Uno de los aspectos positivos es la participación vecinal y el acceso a la tierra. Figuras relevantes de la tejeduría como Iván Quintana y Jenny Cabrera se han sumado, lo cual ha permitido profesionalizar los procesos e imprimir entusiasmo y disposición.
Recuperando la memoria casi extinta del lino
Herminia Pimentel, vicepresidenta de la Asociación Linolillo, explica que la iniciativa nació gracias a la persistencia de Juan Cubas, quien insistía en rescatar el valor del lino en la casa cueva. A partir de ahí, comprobaron que esta fibra estaba profundamente integrada en la vida cotidiana de las viviendas trogloditas. Además, realizaron un trabajo de investigación para localizar a las personas que décadas atrás, cultivaban pequeños huertos de lino, especialmente en torno a las figuras tradicionales de las hilanderas, evidenciando así la fuerte presencia de esta planta en la cultura rural de la zona.
“Vimos que efectivamente había una cultura del lino en el territorio.
Y eso nos motivó a crear la asociación, rescatar ese elemento que es ideal dentro de la cueva y llegar hasta aquí como hemos llegado”, apunta.
Recuperar una memoria casi extinguida fue uno de los objetivos iniciales. El lino desapareció del territorio hace unos 70 años, arrastrado por el auge de la industria textil y la llegada de hilos manufacturados, que hicieron innecesario su cultivo artesanal por parte de las mujeres. Esta pérdida motivó a los vecinos a volver al huerto y a reencontrarse con los conocimientos ancestrales olvidados, tanto por su valor en el contexto etnográfico de la casa cueva, como por las respuestas sostenibles que el lino puede ofrecer ante los graves impactos ambientales de las fibras textiles sintéticas. Recuperar esta fibra natural, biodegradable y resistente podría contribuir a revitalizar este territorio despoblado, integrando el saber tradicional en una propuesta de futuro respetuosa con el medio ambiente.
“Hicimos un mapa del territorio para localizarlo, teníamos que contrastar la información que nos daban para identificar quienes plantaban, contactar con esa familia y con quienes quedaban de esa familia para obtener más datos, certificar efectivamente que eso que eso era así, lo que nos llevó a concluir que existían pequeñas plantaciones y solo aquellas familias más pudientes podían permitirse tener plantaciones más grandes”, detalla.
El proceso de recuperación del lino ha requerido un esfuerzo autodidacta en el campo, liderado por ella y José Antonio Pérez Ramos, sin formación previa como agricultores. Han observado directamente el desarrollo de la planta, identificado el momento óptimo de maduración y analizado los suelos más adecuados. Este trabajo de base es indispensable para obtener resultados concretos. Ya han logrado una primera experiencia exitosa de cultivo en secano, algo especialmente significativo por tratarse de la primera siembra y cosecha de lino en la zona después de décadas de olvido.
Gáldar
El empuje con rutas 2030
La vicepresidenta de Linolillo, Herminia Pimentel, destaca que la articulación del proyecto con Rutas 2030 ha permitido sumar alianzas estratégicas, necesarias para la viabilidad de la recuperación del lino.
“Nos ha permitido realizar acuerdos con otros colectivos, organizar eventos como el Festival del Lino, equiparnos con ciertas cosas que eran fundamentales para nosotros y continuar con los objetivos que teníamos en mente”, explica.
Rutas 2030 es un programa promovido por la Viceconsejería de la Presidencia del Gobierno de Canarias dirigido al desarrollo y cumplimiento de la Agenda 2030 del Gobierno de Canarias, con una acentuada apuesta por la sostenibilidad como vía de innovación en zonas rurales del archipiélago. El proyecto fue presentado en 2024 durante un encuentro en el que participaron más de 50 investigadores, emprendedores y otros agentes públicos y privados de las islas.
Pimentel subraya que en esta nueva etapa, “lo ideal sería que la Agenda 2030 hiciera un esfuerzo de inversión significativo para poder desbloquear los principales cuellos de botella que hemos identificado y garantizar así la continuidad del proyecto”.