La digitalización como estrategia del enoturismo herreño
Cambio climático y producción en descenso
Las sequías prolongadas y las olas de calor reducen el rendimiento de las viñas, impactando seriamente el rendimiento anual.
Brecha digital en el sector rural
Se pone en marcha una iniciativa para combatir la falta de competencias digitales que limita a los viticultores.
Doble insularidad y costes logísticos
Importar insumos y exportar vino desde El Hierro encarece el producto y reduce su competitividad frente a otras zonas.
Enoturismo: un potencial desaprovechado
Aunque existen bodegas con gran valor paisajístico y varietal, muchas no están preparadas para recibir visitas turísticas directas.
Ambrosio, un viticultor que convirtió una casualidad en proyecto de vida
“Soy natural de aquí, de la isla de El Hierro, del pueblo de El Pinar. Ahora mismo estamos en una zona a la que llamamos Mata o Llano del Palo. Tengo 59 años y mi historia con la viña y el vino comenzó, como muchas cosas en la vida, por una casualidad.”
Así empieza la historia de Ambrosio Martín Padrón, un antiguo empresario de la construcción que, por una situación familiar y la crisis del ladrillo, acabó volcado en la viticultura. Su bodega artesanal, hoy día, cuenta con reconocimiento internacional.
Empezó sin tener conocimientos, pero fue despertando el gusanillo hacia la viña hasta convertirse en un auténtico investigador y hacer de ello una alternativa de trabajo.
“Los dos primeros años, los vinos tradicionales que hice y que aquí llamamos ‘vino de pata’, se me pusieron vinagre. Y dije: esto no puede ser, no vamos a estar trabajando para hacer vinagre. Empezamos a corregir errores y fuimos mejorando cada día. O sea, que hemos conseguido unos vinitos que creo que les gustan a la gente de la isla”, expresa.
Tres medallas
El reconocimiento no tardó en llegar. Ambrosio consolidó la marca Elysar y ha conseguido tres medallas Bacchus en Madrid, uno de los premios más prestigiosos del sector. “Eso te hace pensar que algo estaremos haciendo bien, ¿no?”, dice con humildad.
Baja producción por el cambio climático
Ambrosio Martín cultiva en torno a cuatro y cinco hectáreas. Sin embargo, la producción de vino no refleja esa extensión. “Tenemos viña para producir unas 30 mil botellas, pero estamos en 14 mil, un 50 por ciento de la producción… y bajando cada año”, lamenta. La causa principal, afirma, es la sequía persistente que golpea a El Hierro desde hace varios años. Este hecho lo vincula directamente al cambio climático.
Alejandro Padrón, enólogo, vitivinicultor y propietario de Bodegas Padrón, coincide con Ambrosio. El efecto del cambio climático en el sector del vino es notable. En los últimos años la sequía ha sido constante y el crecimiento de la viña se ha resentido. Aunque la planta continúa produciendo, su vigor disminuye. Incluso en años como este, en los que ha llovido algo más y las temperaturas han bajado ligeramente, los efectos positivos no se verán reflejados en la cosecha actual, sino en la siguiente.
“Tú estimas en julio que puedes coger de esta parcela, por ejemplo, unos cuatro mil kilos y después cuando te llega una ola de calor tres o cuatro días antes de la vendimia, te arrasa casi la mitad, entonces, pierdes mucho rendimiento. Tienes los mismos racimos, pero un racimo, en vez de pesar un kilo, pesa 300 gramos”, detalla.
Digitalización para una viticultura heroica
La brecha digital en el medio rural limita las oportunidades de viticultores como Ambrosio Martín Padrón, quien además de combatir a diario los efectos de la sequía y el cambio climático para preservar la tradición vinícola de El Hierro, también debe afrontar el reto de adaptarse a un entorno cada vez más marcado por la comunicación digital.
En un mundo rural con escasa conectividad y limitada formación tecnológica, el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida de Vinos de El Hierro ha dado un paso adelante para acercar el trabajo del campo al visitante y al mercado global y poner en valor la viticultura diferenciada de la isla.
Alfredo Hernández Gutiérrez, técnico del Consejo, desde la icónica ‘Casa de los franceses’, o ‘Casa del aguardiente’, explica que El Hierro tiene mucho que contar pues tiene la mayor biodiversidad vitícola de Canarias.
Todo comenzó con un vídeo en tres idiomas, y tras la pandemia, la propuesta dio un salto cualitativo al integrar tablets interactivas que permiten navegar en distintos idiomas por la historia vitícola de la isla, sus variedades, herramientas y procesos.
Imágenes y vídeos explican con un clic labores como la poda, revelando el esfuerzo titánico que realiza cada viticultor. Y gracias a la inteligencia artificial, los bodegueros pueden incluso hablar en inglés o alemán, derribando barreras lingüísticas y tecnológicas.
“El talón de Aquiles sigue siendo el número de visitantes”, admite Hernández. “Al final las líneas de entrada son las que son, bastante estrechas, pero podemos competir con multitud de cosas que no tienen otras islas, como las variedades, o el tema de la viticultura ecológica”, añade el experto.
Aunque en la Denominación de Origen de El Hierro hay registrados 248 viticultores y 13 bodegas, no todas están preparadas para recibir visitas turísticas. Algunas carecen de infraestructura adecuada o no disponen de suficiente producto para ofrecer una experiencia completa. La mayoría son micro bodegas, como el caso de H.M. Las Betas, con producciones muy reducidas que rondan una sola barrica de 400 litros.
Por eso, el proyecto de digitalización se concentra en ofrecer una experiencia inmersiva desde la propia sede del Consejo Regulador. Esta apuesta tecnológica permite transmitir el valor de una viticultura peculiar, marcada por una riqueza varietal excepcional que se expresa en una diversidad de vinos monovarietales, difícil de encontrar incluso a nivel internacional, según explica Hernández.
La Frontera
Doble insularidad
La gran paradoja de El Hierro es que, pese a ser un modelo de sostenibilidad y Reserva de la Biosfera, sufre las dificultades logísticas derivadas de la doble insularidad. Lo que debería facilitar y abaratar los procesos asociados a una economía verde, como la vitivinicultura, acaba encareciendo la producción, dificultando la exportación y limitando el desarrollo económico del sector.
“Producir vino aquí es un reto, la verdad”, resume el enólogo Alejandro Padrón. Aunque el clima de zonas como El Pinar favorece el cultivo, todo lo demás se complica. Los productos fitosanitarios, las botellas, los tapones, las cajas de cartón, todo debe ser importado desde Tenerife o Gran Canaria, a menudo con escalas intermedias. Y lo mismo ocurre al exportar. Cada botella que sale del Hierro hacia otras islas, y más aún hacia la península, conlleva un sobrecoste difícil de asumir.
Así, cuando una botella herreña alcanza los 15 ó 20 euros, se pagan la calidad y también el territorio, el aislamiento, la fragmentación parcelaria y un trabajo intensivo que casi siempre debe hacerse a mano. Una viticultura heroica, en el sentido más literal.